viernes, 25 de noviembre de 2022

GÉNESIS 26




Tal vez Platón nos aclare las dudas:

<<... Durante muchas generaciones, y mientras dominó en ellos la naturaleza de su antecesor, el dios, los reyes (de la Atlántida) escucharon las leyes y permanecieron aferrados al elemento divino con el que estaban emparentados. Sus pensamientos eran verdaderos y grandes en todo; usaban de la bondad y de la sabiduría para juzgar y para prever acontecimientos... Desdeñosos de todo, excepto de la virtud, hacían poco caso de sus bienes..., no se dejaban embriagar por su fortuna, no perdían el dominio de si mismos y llevaban el camino recto. Con aguda clarividencia veían cuantas ventajas se derivan del afecto mutuo unido a la virtud, mientras que del excesivo aprecio a las riquezas resulta la pérdida de las mismas, así como la virtud. Gracias a este razonamiento y a la persistencia del principio divino en ellos, sus bienes no dejaban de acrecentarse. Pero cuando la proporción del elemento divino fue disminuyendo en ellos, debido al cruce reiterado con elementos mortales, y empezó a predominar el elemento humano, incapaces de soportar su prosperidad cayeron en la indecencia. Ante los hombres clarividentes aparecieron viles, pues habían dejado perder sus más preciosos bienes. Por el contrario, a los ojos de quienes no sabían discernir que género de vida contribuye realmente a la felicidad, aparecieron entonces sumamente perfectos y venturosos, hinchados como estaban de injusta avidez de poderío...>>

Platón recoge las antiguas tradiciones griegas y nos describe la degeneración de los reyes atlantes, descendientes del dios Poseidón y de la terrestre Clitia.

San Clemente de Alejandría nos dice: “Los ángeles están clasificados por tribus y por ciudades. Fueron enviados a los hombres por el Señor para que los gobernasen... Dios dividió el territorio entre los pueblos según el número de sus ángeles...

Vemos pues, que la narración bíblica no es muy explícita, pues en general es una síntesis de lo acaecido en una época indeterminada en muchos casos y no hemos de olvidar que faltan muchos textos que han sido llamados apócrifos, pero que sin duda muchos de ellos son auténticos y por tanto deberían figurar en el conjunto de textos bíblicos, por ello hemos de recurrir a otros textos, tradiciones y leyendas que completen y aclaren la narración del Génesis.

En la Teogonía de Hesíodo, Urano, dios del cielo, desposa a Gea, diosa de la Tierra, de la cual tiene varios hijos, los Titanes. Esta parece una descripción simbólica de lo que sucedió: los seres celestes se unieron a las mujeres terrestres y se permitieron el lujo de elegir, pues tenían un gran ascendiente sobre los humanos y sus hijos fueron los Titanes, los Gigantes famosos: <<Existían entonces los gigantes en la tierra, y también después cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos son los héroes famosos muy de antiguo>> (6,4) [BC]



Los hijos de Dios, son en hebreo los Ben-Elohim, que es más exacto decir “los hijos de los dioses”, que hoy podríamos interpretar como la gente de tropa de los Elohim, de los científicos.

Como puede comprobarse todo concuerda y tal como narra Platón, la raza degeneró al disminuir la proporción del elemento divino, considerando además que la gente de tropa de los seres celestes, eran menos “divinos” (menos inteligentes) que los Elohim. Esto llevó a Yavé/Jehová a la conclusión de que, la única forma de resolver la cuestión era exterminándolos, o al menos esa es la conclusión del hagiógrafo.

En la BT 6,4 se dice: “Los nefilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después...”

Me ha llamado la atención que aquí a “los gigantes” que traducen las otras dos versiones se les llame “nefilim” derivado de las voces griegas néphos y nephéle que significa nube, pero sin duda no vieron clara la equivalencia nephilim=gigantes, cuando les han denominado con el vocablo original.

A este respecto Robert Charroux comenta (39 bis): “Lo comprendemos muy bien: los nephilim (gigantes) mediante cruce con las hermosas hijas de Armenia, Irán, del Cáucaso, de las Montañas Rocosas y de los Andes (es curioso observar que aterrizaron en las cercanías de los principales yacimientos de petróleo del Globo)...los nephilim engendraron niños más fuertes e inteligentes que los autóctonos.

Pero resulta que la traducción de nephilim por gigantes es relativamente exacta.

Según el Sr. Vaschalde, nephilim significa: gigante o maravilloso, o seres maravillosos, literalmente: hacedores de prodigios.

Y hace 5000 años, en la época del Baal fenicio; estos nephilim debieron retornar a la Tierra, ya que Moisés amonesta a los hebreos a tal respecto (Deuteronomio, cap. 32)”

Sin embargo, que los gigantes existieron, parece fuera de toda duda si hemos de creer diversos escritos y tradiciones, así como ciertos testimonios.

En sus Historias, Heródoto narra, entre otras cosas, las aventura de un tal Licas de Esparta, quien iba en busca de los restos de Orestes, hijo de Agamenón. En Tegea, una antigua ciudad de la Arcadia. Licas encontró a un herrero que, mostrándole un solar detrás de su casa, le dijo: <<Al excavar un pozo detrás de este descampado, tropecé con un sarcófago de siete codos de longitud (3,25 metros). Como me resistía a creer en la existencia de hombres de tan elevada estatura, destapé la caja y vi que contenía un cuerpo de las mismas dimensiones>>

“Tampoco faltan en América las tradiciones relativas a los titanes. Ya lo hemos visto ojeando el Popol Vuh; y también nos informa de ellas el llamado Manuscrito Mexicano de Pedro de los Ríos, donde se lee: <<Antes de diluvio, que se produjo 4008 años después de la creación del mundo, la tierra de Anahuac estaba habitada por los tzocuillixecos, seres gigantescos, uno de los cuales tenía por nombre Xelua...>>”

Evidentemente la fecha del diluvio no es correcta, pues se basa en la genealogía bíblica.

“Y no nos encontramos ante un puro y simple mito, ya que cuando los españoles de Hernán Cortés desembarcaron en América, algunos sabios indígenas narraron al limosnero y cronista Bernal Díaz del Castillo que << en otro tiempo existieron en aquellas tierras hombres y mujeres de estatura muy elevada, y como eran muy malvados, fueron muertos en gran número, y los restantes murieron de muerte natural>>. Les mostraron incluso, huesos enormes, entre ellos << un fémur alto como un hombre de estatura normal>>, que Cortés envió a su rey.”

“En torno al lago Titicaca abundan las leyendas sobre gigantes y algunas son muy explícitas al afirmar que los últimos de aquellos monstruosos seres se refugiaron en el Sur. Sus descendientes debieron de poblar hasta hace algunos siglos la Patagonia, y cuando Magallanes descubrió aquella tierra, se encontró varias veces... cara a cara con ellos”.

“A propósito de un encuentro acaecido en junio de 1520, mientras la flota del gran navegante portugués estaba anclada en San Julián, Pigafetta escribió: <<Aquel hombre era tan alto que nuestras cabezas apenas le llegaban la cintura, y su voz era como la de un toro>>. Magallanes capturó a dos de aquellos desmesurados indígenas y los encadenó para enviarlos a Europa. Sin embargo ambos murieron antes de que la nave atravesara el Ecuador.

“En julio de 1887 –recuerda Ronald Charles Calais- cuatro buscadores de metales preciosos estaban sondeando el terreno de las colinas de Spring Valley, cerca de Eureka (Nevada), cuando uno de ellos notó que un curioso objeto sobresalía de una roca. Al aproximarse, descubrió que se trataba de una pierna humana, cortada justo por encima de la rodilla. Tras haberlo liberado de la cuarcita que los circundaba, el miembro fue llevado a Eureka, donde los médicos lo examinaron con atención. Había pertenecido, indiscutiblemente, a un ser humano, pero ¡que ser! De la rodilla al talón medía 99 centímetros, así que el individuo debía haber tenido una estatura de 3,65 metros.

Pero ¿quienes eran “los hijos de Elohim”?

Peter Kolosimo nos narra una fantástica aventura vivida por Mr. John Spencer en el año 1920en l lamasería de Tucrin, donde al meterse por una escalerilla que había en las cercanías, vio una puerta metálica que abrió fácilmente y se introdujo en una extraña estancia poligonal de doce o trece lados. Sobre las paredes vio extraños dibujos y en uno de ellos creyó reconocer uno que representaba la constelación de Tauro. Siguiendo el trazo con el índice, vio como se le abrió la pared suavemente. Metiéndose por allí llegó al término de una galería”…y se encontró en una sala donde la luz verde brillaba más intensa y cegadora. Adosadas a una pared, se alineaban varias cajas rectangulares (de veinticinco a treinta, precisaría luego el propio Spencer) que parecían suspendidas a medio metro, aproximadamente, del pavimento. Spencer no dio importancia al fenómeno, y acaso pensó en soportes invisibles. En cambio dedicó toda su atención a las cajas. Al punto, advirtió que se trataba de sarcófagos, pero esta circunstancia, antes que impresionarlo, le animó a felicitarse, imaginando los tesoros que debían de estar sepultados con los pobres difuntos.

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