martes, 31 de enero de 2023

GÉNESIS 95

 


 

Al enriquecerse Jacob, los hijos de Labán así como el mismo Labán, no lo ven con buenos ojos, sin duda la envidia se ha apoderado de ellos. Así las cosas, Jehová se comunica con Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo (31,10) (BP)

No se dice aquí de que forma se realiza la comunicación, pero si más adelante cuando Jacob habla con sus esposas y les comunica la situación respecto al padre y hermanos de ellas; les explica los engaños que ha tenido que soportar de Labán y como gracias a la ayuda de Yahvé él se ha enriquecido: Y vosotras sabéis, que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre:

Y vuestro padre me ha mentido, que me ha mudado el salario diez veces; mas Dios no le ha permitido, que me hiciese mal.

Si él decía así: Los pintados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían pintados: y si decía así: Los cinchados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían cinchados.

Y quitó Dios el ganado de vuestro padre; y diómelo a mí. (BP)

 

Jacob no explica, obviamente, la técnica que ha seguido para conseguir los ganados pintados y listados; en cambio les cuenta lo que sigue: 10 Y sucedió que al tiempo que las ovejas estaban en celo, alcé yo mis ojos y vi en sueños, y he aquí los machos que cubrían a las hembras eran listados, pintados y abigarrados. (BP)

Evidentemente, lo que vio en sueños Jacob no es esto precisamente, sino la técnica que utilizó que le fue comunicada por el mensajero de los Elohim como veremos ahora; mas Jacob modifica su sueño al contarlo, probablemente siguiendo las directrices del mensajero.

11 Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí.

12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.

 

Debo  recordar que “ángel” debemos traducirlo por “mensajero”, y que Dios es la traducción errónea e interesada de “Elohim”. Por tanto deberíamos leer en el versículo 11: “y me dijo el mensajero de los Elohim…” Solo de esta forma comprenderemos ciertos pasajes, que se muestran confusos como sucede en esta ocasión:

“Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento” (31,13) BP

 En esta ocasión deberíamos leer: “Yo soy el Elohim de Bet-el…” así no nos resultaría tan confuso que Jacob diga primero “el ángel de Dios” y luego resulte que se trata del mismo Dios quien le habla.

 Aunque de todas formas queda claro que Jacob no se aclara (perdón por el juego de palabras) en cuanto a la identificación de los Elohim, no hay duda de que la comunicación telepática del Elohim que le habla no le transmite imagen suya sino solo la voz, por lo cual tiene que identificarse diciéndole que es el Elohim de Bet-el. De todas formas, tal como hemos visto con los patriarcas anteriores, no es fácil identificar y diferenciar a Yahvé de los demás Elohim.

 Raquel y Lía se muestran de acuerdo con su marido y con Elohim, por lo cual, aprovechando la ausencia de Labán preparan lo suyo y se marchan en franca huída. (31,17-22). 

En este lapsus Raquel aprovecha para robar a su padre los terafim.


19 Labán había ido al esquileo, y Raquel robó los “terafim” de su padre.

Los antiguos códigos legales sumerios, como las leyes NUZI, revelaron que en ese momento la posesión de pequeños ídolos domésticos (comúnmente llamados Terafines) era el certificado de propiedad que uno necesitaba para convertirse en propietario de una tierra.

Si los ídolos terminaban en manos de otra persona, esa persona automáticamente se convertía en dueña de la tierra que demarcaba.

Debido a que son pequeños, podrían ser robados fácilmente y dependía del propietario conservarlos para no dañarlos. Fue, pues, por un descuido de Labán que Raquel robó sus ídolos (es decir, sus escrituras), para luego entregárselos a Jacob, y convertirlo en el nuevo señor de aquellas tierras.

Fue un intento de compensar a su esposo por el error que lo llevó a trabajar siete años más en la tierra de su padre, lo cual es una señal de que Raquel no creía completamente que Dios le daría a Jacob la tierra de Canaán, como era lo prometido.

 Avisado Labán del hecho, le persigue y cuando le alcanza, Elohim se comunica con él:  24 Vino Dios en sueños durante la noche a Labán, arameo,

25 y le dijo: “Guárdate de decir a Jacob nada, ni en bien ni en mal.” Cuando alcanzó Labán a Jacob, había éste fijado sus tiendas en el monte, y Labán fijó también la suya y las de sus parientes en el mismo monte de Galaad.

De nuevo se realiza la comunicación telepática, aprovechando el momento en que el “receptor” duerme.

Labán cuando vuelve se da cuenta del robo y persigue a Jacob: 30 Y si es que te vas porque anhelas irte a la casa de tu padre, ¿por qué me has robado mis dioses?

Así Labán registra las cosas que Jacob y su gente llevan, buscando los terafim pero no los encuentra porque Raquel los tiene bien escondidos según podemos ver en 31,32-35.

 Luego Labán da sus quejas a Jacob y este también da a Labán las suyas, pero al final hacen “pacto de no agresión” y como señal levantan un majano: 46 y dijo a sus hermanos que recogieran piedras y las reunieran en un montón, y comieron sobre él.

47 Le llamó Labán Yegar-Sahaduta, mientras que Jacob le llamó Yagar Galaad.

48 Y dijo Labán: “Este montón es hoy testigo entre ti y mí.” Por eso le llamó Galaad,

49 y también Mispah, por haber dicho Labán: “Que vele Yahvé entre los dos cuando nos hayamos separado el uno del otro.”

 

Tanto Galaad como Jegar Sahaduta significan lo mismo: “El majano del testimonio”. La diferencia está en que Galaad es en hebreo y Jegar Sahaduta en arameo. En cuanto al nombre Mizpa es equivalente a Atalaya.

 En una palabra, todo este juego de nombres es lo mismo que decir: Este es el  majano que testimonia nuestra alianza y desde el cual nos observará Elohim cuando nos separemos.

 Tal como dice la versión de la BC en 31,49.

 Así dice después Labán: 52 Este montón es testigo de que yo no lo pasaré yendo contra ti, ni tú lo pasarás para hacerme daño.

 

En realidad el acuerdo se alcanza cuando Labán asume que Jacob es más poderoso que él, porque tiene mayor riqueza y por tanto mayor número de sirvientes que le defiendan.

 

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